Muchos de nuestros padres veían con malos ojos este entretenimiento, una pérdida de tiempo nos decían, siempre fue un tabú hablar de videojuegos, al menos en mi niñez.
Mi primer acercamiento fue una consola, una Nintendo 64 que tenía mi abuela en su casa, la había enviado un familiar de Estados Unidos. Esperaba cada fin de semana para ir a la localidad de Los Ángeles a las afueras de mi ciudad natal, Querétaro, para poder jugar títulos como Mario 64, Ocarina Of Time, Starfox 64 y Army Men Sarge’s Herores.
Estos pocos juegos eran mi diversión de todos los días, de verdad eran mi pasión definitiva y para algunos era solo una moda.